El Caganer Hipster te prepara para la vida: cuando debes pedir un foco. | Antes todo esto eran champús
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24 Abr, 2015

El Caganer Hipster te prepara para la vida: cuando debes pedir un foco.


Esta temporada os tiene un poco abandonados pero, si llevas tiempo leyéndole las gracias a mi Caganer Hipster, sabrás que él sabe mucho y que le gusta compartir su conocimiento con los demás… para prepararles para la vida, vamos. Y eso es lo que va a hacer. Hoy: cuándo debes pedir un foco.

Tú ponte que tienes un día de esos que la comunidad científica del MIT denomina sabiamente “un día de mierda”. Que te cae algún marrón vamos. Da igual su procedencia, puede ser en el curro, puede ser que se te hayan jodido completamente los planes o puede ser que te hayan invitado al bautizo del niño de un primo con el que no te hablas y que encima, tengas que ir. Llámalo X. El caso es que hay un acontecimiento A que te jode la marrana cantidubidubidá. ¿Y qué pasa entonces? ¡chan, chaaan, chaaaaaaaaaaan! ¡Se desencadena la desdicha B, el qué putada C y todas las catástrofes posibles hasta completar el abecedario! Pasen y lean:

Te pilla el semáforo en rojo. Vas a comprarte un café y te quemas la lenga. Al salir te tropiezas con alguien y te echas el café encima. Ese alguien es una persona que te gusta ¡coñe, no podía ser otra! Y tú haciéndo el ridículo. Te sacas los Kleenex para limpiarte y sólo te queda uno lleno de mocos. Vas por la calle con el manchurrón pensando, esto no puede ir a peor, menos mal que ya voy de camino a casa. Pero llegas y justo se acaba de ir el metro, tendrás que esperar 4 intensísimos y eternos minutos a que llegue el siguiente. Lo coges y una arponera se pone a tocar la cucaracha justo al lado tuya ¡¡habrá vagones en el metro!! Sales, te vas para casa y encima te llama tu madre para preguntarte, por 909990 vez si has recogido la casa, que la última vez que fue (hace 4 meses), la ropa sucia se salía del cesto. Y, para colmo, una hora más tarde, te descubres lloriqueándoles a tus amigos entre birras que todo te pasa a ti. Les cuentas que tu día ha sido una mierda, que ya no sabes cómo puede empeorar y que cómo que al camarero se le ha ocurrido traer cacahuetes en vez de aceitunas siendo tú alérgico a los frutos secos.

Ese, amigo, ese es el momento. Cuando veas que igual relativizar está bien y que estás empezando a sonar ridículo intentando que todos se conviertan en plañideras por ti (en un día que casi es como otro cualquiera), ahí es cuando tienes que empezar a reírte de ti mismo. Pídele a tus colegas un foco, un foco que te alumbre bien y le saque brillo a esa drama queen que te ha salido por la garganta, ¡so reinona!

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"Bienaventurado el que se ríe de sí mismo porque nunca dejará de divertirse"

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